Zen e Impermanencia

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impermanenciaConfiar, cuando todo fluye es fácil. Si tenemos problemas psicológicos se complica. Cuando digo problemas no me refiero a locura sino si somos demasiado, demasiado neuróticos. Cuando practicamos zazen con regularidad descubrimos confiar en el corazón de la tormenta… Esta emergencia no sale de una voluntad de confiar, de ser confiado, de tener fe, no es un acto voluntario. Nuestra naturaleza verdadera es Confianza.

La confianza es como un suelo fértil que no se destruye en el caos. Baila en el caos.

Respira en el caos…

Esta confianza, fertilidad se manifiesta también cuando lo que es sólido se derrumba; personas, conceptos; mundo externo, interno.

Confiar es aceptar que a veces nos podemos sentir temerosos, inseguros, y que esto se manifiesta y también se va. Un día todo se derrumba, un día todo florece.

Zazen nos transmite la sabiduría de la impermanencia.
Esa sabiduría nos abre a la libertad.

El dolor tiene fin, la alegría tiene fin.

La consciencia de la impermanencia nos permite aceptar las perdidas. En cada segundo muchas personas mueren y muchas personas nacen. La consciencia de la impermanencia nos enseña a no querer retener el placer, lo que nos gusta, simplemente vivirlo en el presente. Igual que hay la alternancia de la noche y el día, igual hay alternancia de dolor y alegría, de muertes y nacimientos.

Cuando esta consciencia cada día, y cada día, y cada día florece, aunque a veces no nos demos cuenta que esta consciencia florece, y un día nos damos cuenta que tenemos confianza y confiamos en la impermanencia, en el orden cósmico.

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